En un principio, no recibió el nombre actual, «Convento de Santa Clara de la Columna», sino que tomó el nombre del promotor de la Orden, San Francisco, porque en él moraron sus hijos, un grupo de hermanos pertenecientes a la nueva Orden de Frailes Menores fundada por el “Poverello” de Asís, en 1209, una fraternidad que se extendió rápidamente por toda Europa, llegando también a España.
Sabemos con certeza que en 1476 ya estaba construido el convento, según consta en la Bula de la fundación concedida por el Papa Sixto IV. En sus orígenes perteneció a la custodia de Santoyo y, procedentes de la misma, llegaron a Belalcázar, el 7 de octubre de 1476, veinticuatro religiosos de dicha custodia.
En la Iglesia existen muchas familias espirituales, con diversidad de carismas. Entre ellas se encuentra la Familia Franciscana, que agrupa a todos aquellos laicos, religiosos/-as y sacerdotes, llamados a seguir a Cristo al estilo de Francisco de Asís. La Familia Franciscana constituye la primera experiencia religiosa importante que, desde sus mismos orígenes, tuvo en cuenta todos los estados de vida: el religioso apostólico para el mundo; el religioso contemplativo; y el seglar, en el mundo para el mundo. Como miembros del Pueblo de Dios, todos los franciscanos están llamados por el Espíritu Santo a alcanzar la perfección de la caridad viviendo el Evangelio que han profesado, inspirándose en el proyecto de Francisco de Asís, cada uno en su estado de vida.
El objetivo de la Familia Franciscana es por tanto el de hacer presente el carisma de Francisco de Asís en la vida y misión de la Iglesia, en maneras y formas diversas, pero en recíproca comunión vital.
Dos aspectos fundamentales unen a todos los miembros de la Familia Franciscana:
El seguimiento de Cristo, entendido como seguimiento no de una doctrina, sino de una persona concreta.
La vida en fraternidad: la pobreza, la humildad y todas las demás virtudes deben estar al servicio del vivir como “hermanos”.