Experiencia compartida de una hermana sobre el Encuentro de Cuaresma 2023:
1 de febrero 9:00. Entro en el colegio diciéndole a una compañera: «¡Ojalá pudiera irme a Belalcázar! A las 10:00, mensaje de las Hermanas: «Nuestro retiro de Cuaresma será del 24 al 26…» ¿Coincidencias? No, más bien «Pedid y se os dará (…) vuestro Padre del cielo sabe de qué tenéis necesidad.»
Y con este regalo del cielo, volví a este santo lugar a comenzar mi Cuaresma.
Alegría en el reencuentro con las Hermanas y con el grupo de hermanos y hermanas con los que iba a compartir estos días y a los que, en su mayoría, ya conocía del retiro de Adviento. Esta emoción, este sentir que «vuelvo a casa», me hace pensar que ahí está la clave: en la Fraternidad, en sentirnos hermanos, hijos de un mismo Padre, con un solo corazón y una sola alma, aunque seamos diferentes. Este es el Reino, el sueño de Dios: que nos amemos unos a otros como Él nos ama y vivamos unidos en Él como sarmientos de una sola vid.
El encuentro ha sido profundo y, sobre todo, concreto. Porque para hacer que el Reino de Amor sea, no podemos quedarnos en palabras y buenas intenciones: hay que aterrizar, pisar y transformar cada aspecto de nuestra vida. Hay que releer cada una de las Bienaventuranzas, descubriendo en ellas al propio Jesús y asumiendo que son el único estilo de vida que Él nos propone. Echarnos al camino a vivirlas con radicalidad, con corazón puro, con la actitud de disponibilidad y servicio del Buen Samaritano, con la fe de tantos que fueron sanados y salvados porque se fiaron, porque se supieron cuidados y amados por el Señor…El «hágase» de María, que cambió su vida y la nuestra.
Y llega el momento de la despedida. Cuesta separarnos de la sonrisa de las Hermanas, de sus cuidados de madres, de las risas y silencios compartidos, de las palabras, de las miradas…Pero hay que bajar. Nos espera un Reino de Amor, Justicia y Paz por el que trabajar; seguir siendo instrumento en sus manos para llevar su Buena Noticia, para demostrar con nuestras vidas que Él sigue vivo entre nosotros…
Nos marchamos pensando ya en las fechas para volver. Porque necesitamos oasis como éste en nuestros desiertos, lugares de silencio y quietud para calmar la vorágine de nuestra actividad, espacios sencillos y austeros que nos recuerden la pobreza de Jesús en el pesebre y la cruz. Necesitamos renovar constantemente que Dios es el centro de nuestras vidas y aquí, en Belalcázar, en Fraternidad, se consigue. Paz y Bien.
Mª Eugenia Sánchez Guerrero, hermana Franciscana Secular










