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Familia Franciscana

En la Iglesia existen muchas familias espirituales, con diversidad de carismas. Entre ellas se encuentra la Familia Franciscana, que agrupa a todos aquellos laicos, religiosos/-as y sacerdotes, llamados a seguir a Cristo al estilo de Francisco de Asís. La Familia Franciscana constituye la primera experiencia religiosa importante que, desde sus mismos orígenes, tuvo en cuenta todos los estados de vida: el religioso apostólico para el mundo; el religioso contemplativo; y el seglar, en el mundo para el mundo. Como miembros del Pueblo de Dios, todos los franciscanos están llamados por el Espíritu Santo a alcanzar la perfección de la caridad viviendo el Evangelio que han profesado, inspirándose en el proyecto de Francisco de Asís, cada uno en su estado de vida.

El objetivo de la Familia Franciscana es por tanto el de hacer presente el carisma de Francisco de Asís en la vida y misión de la Iglesia, en maneras y formas diversas, pero en recíproca comunión vital.

Dos aspectos fundamentales unen a todos los miembros de la Familia Franciscana:

  • El seguimiento de Cristo, entendido como seguimiento no de una doctrina, sino de una persona concreta.
  • La vida en fraternidad: la pobreza, la humildad y todas las demás virtudes deben estar al servicio del vivir como “hermanos”.

El origen de todas las ramas que componen la Familia Franciscana se remite al propio Francisco de Asís. Él no buscó fundar tres órdenes de manera deliberada, sino que se dejó más bien guiar por el Espíritu Santo en la organización de su familia religiosa, sin seguir ningún proyecto preestablecido. Francisco se dio cuenta muy pronto de que Dios lo llamaba a una misión importante con los hermanos y a través de ellos. En torno a él había surgido una primera fraternidad, la de los Hermanos Menores, conocida luego también como Primera Orden Franciscana, cuya forma de vida fue aprobada por el papa en 1209. Pero el ideal que animaba a Francisco era tan fuerte y arrollador que también sedujo a muchas otras personas de uno y otro sexo. Surgieron así comunidades de mujeres como la creada en San Damián en torno a Clara de Asís, que dieron origen a la Segunda Orden Franciscana. También surgieron en muchos lugares fraternidades de hombres y mujeres que buscaron poner en práctica el proyecto evangélico de Francisco sin abandonar sus compromisos familiares y seculares, configurando lo que desde muy pronto pasó a conocerse como Tercera Orden Franciscana.

Francisco fue aceptando esta realidad a medida que iba floreciendo entre sus manos. En el fondo, el Poverello había dado a estas tres Órdenes, nacidas bajo su inspiración, una misma regla, que no es otra que la de guardar el Santo Evangelio según su condición de vida. Francisco reconoció muy pronto que las tres Órdenes, a las que consideraba una familia, se relacionaban entre sí en su misma misión apostólica de “reparación” de la Iglesia. Por ello les confió, en la fidelidad a su vocación, que fuesen corresponsables en su camino hacia el Señor, apoyándose mutuamente en una recíproca y fraterna ayuda.

Por tanto, la inspiración de Francisco de Asís dio como fruto la creación de una familia religiosa con tres Órdenes aprobadas oficialmente por la Iglesia a lo largo del siglo XIII: la Orden de Hermanos Menores (Primera Orden), la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara (Segunda Orden) y la Orden de Penitencia Franciscana (Tercera Orden). Con el paso de los siglos, estas tres Órdenes fueron sufriendo transformaciones progresivas, debido al influjo de las ideas y de los acontecimientos religiosos, políticos y sociales propios de cada período histórico, así como a los fenómenos internos que se producen en toda institución humana.

Especial influencia en toda la Familia Franciscana ha tenido la fuerte tensión que, ya desde sus primeras décadas de existencia, ha vivido la Orden de Hermanos Menores a causa de dos interpretaciones diferentes, aunque interrelacionadas, de sus ideales fundamentales: mientras que un sector de hermanos consideraba que vivir su vocación consistía en dedicarse fundamentalmente a la oración/contemplación en una existencia de pobreza radical, otros insistían más en el carácter apostólico de su vocación, que les impulsaba a buscar la cercanía de las gentes y a poseer los recursos materiales indispensables para la práctica y el ejercicio de su actividad pastoral. Francisco fue capaz de unir en su vida ambas orientaciones, pero entre sus seguidores comenzaron pronto a surgir tensiones, que a lo largo de los siglos han dado lugar a numerosos movimientos de reforma y a un ininterrumpido movimiento pendular, que en cada momento de la Historia ha acentuado más un polo u otro de la forma de vida de los Frailes Menores.

Tales tensiones, que fueron especialmente intensas a finales de la Edad Media, llevaron durante el siglo XVI a la santa Sede a separar a la Primera Orden Franciscana en tres grandes familias, situación que ha llegado hasta nuestros días. La división de la Primera Orden afectó a su vez a la Segunda y Tercera Órdenes Franciscanas, que se vieron divididas en “obediencias”, al pasar a depender de las distintas ramas de Frailes Menores.

A lo largo de sus ocho siglos de existencia la Familia Franciscana ha sufrido por tanto numerosas transformaciones, pero todavía conserva en la actualidad esas tres ramas que hemos visto que aparecieron ya en tiempos de Francisco de Asís:

1) Los Hermanos o Frailes Menores, que son aquellos franciscanos que viven la vida religiosa según la regla que el papa Honorio III confirmó a Francisco y sus hermanos en 1223. Desde el siglo XVI, los frailes franciscanos están divididos en tres ramas distintas y autónomas: los Hermanos Menores (Franciscanos OFM), los Hermanos Menores Conventuales (OFM Conv.) los Hermanos Menores Capuchinos (OFM Cap). Aunque las relaciones entre estas tres ramas no siempre fueron buenas en el pasado, hoy en día colaboran cada vez más armónicamente, constituyendo la Primera Orden de San Francisco.

2) La familia de las contemplativas franciscanas (Segunda Orden). La gran mayoría de ellas forman la Orden de Hermanas Pobres Clarisas, que tienen como referente a Clara de Asís y a su regla, aprobada en 1253. Forman también parte de este grupo de monjas las Concepcionistas (orden fundada por la española Santa Beatriz de Silva a finales del siglo XV), las Anunciadas (fundadas en el siglo XV por Santa Juana de Valois) y también ciertos monasterios femeninos de terciarias que viven en clausura (“las isabeles”).

3) El grupo más numeroso, que es el de la Tercera Orden, en sus dos vertientes:

  • La secular, conocida oficialmente en nuestros días como Orden Franciscana Seglar (OFS). Está compuesta por laicos de ambos sexos, casados o no, y también por sacerdotes seculares. Su regla actual, aprobada en 1978, se apoya explícitamente en los textos de Francisco, sobre todo en la Carta a todos los fieles. Forman una Orden agrupada en fraternidades; aunque permanecen en su medio habitual de vida, se comprometen a vivir según el espíritu de Francisco en su vida de cristianos laicos. De la OFS dependen también los grupos de NiFra y JuFra, compuestos por niños, adolescentes y jóvenes que viven su fe desde el ideal franciscano.
  • Los hermanos y hermanas de la Tercera Orden Regular (TOR). Ya desde sus orígenes se presentaron manifestaciones típicas de la vida religiosa en el seno de la Tercera Orden Franciscana, que acabaron por configurarse en congregaciones de vida regular. En el siglo XVI, la Santa Sede acabó por reconocer un carácter específico y entregó una regla propia a esta rama de terciarios franciscanos. A este grupo debemos añadir los más de 400 institutos religiosos de inspiración franciscana de vida activa o apostólica, en su mayoría femeninos, que siguen la regla de la TOR (Franciscanas Misioneras de María, Franciscanas del Divino Pastor, Franciscanos de la Cruz Blanca, etc.).

Junto a esta familia con perfiles jurídicos bien definidos, existe lo que a veces se denomina la “Cuarta Orden Franciscana”, formada por innumerables amigos de Francisco, hombres y mujeres que se mueven en el ambiente franciscano y que tratan de vivir el carisma de Francisco en realidades diferentes a las del grupo oficial, en cierta medida prolongándolo.

Finalmente, debe mencionarse que, desde finales del siglo XIX, la propuesta evangélico-franciscana también ha encontrado una buena acogida en algunas Iglesias cristianas que se encuentran fuera de la comunión con la Iglesia Católica. Más en concreto, en las Iglesias Anglicana y Luterana han surgido fraternidades de hombres y mujeres franciscanos: en la Iglesia Anglicana existe la Society of Saint Francis, una comunidad de religiosos franciscanos muy activa, un monasterio de clarisas y grupos de seglares franciscanos. También en la iglesia luterana de Suecia y Alemania existen pequeños grupos de religiosos franciscanos y seglares.

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